Pon guarda a mi boca, oh Jehová!

En este día queridos hermanos, quisiera hablar de la importancia de la prudencia a la hora de hablar.
Todos sabemos que en estos tiempos, la prudencia no es algo característico de nuestra sociedad, mas bien es lo opuesto.
El mundo se basa en decir lo que “siente” y no pone resguardo en los efectos que esto tiene.
Nosotros como Cristianos, por el contrario, debemos prestar mucha atención acerca de las cosas que decimos, primero, porque no somos del mundo y segundo porque nuestra salvación depende de ello.
La palabra de Dios nos habla muchas veces acerca de la importancia de ser prudente al hablar:

Proverbios 13:3:
“El que guarda su boca guarda su alma;
Mas el que mucho abre sus labios tendrá calamidad.”

El mismo rey David conocía ya en ése tiempo los peligros de la imprudencia al hablar:

Salmos 141:3-4:
“Pon guarda a mi boca, oh Jehová;
Guarda la puerta de mis labios.
No dejes que se incline mi corazón a cosa mala,
A hacer obras impías
Con los que hacen iniquidad;
Y no coma yo de sus deleites. “

Como dice sabiamente esta palabra, si nuestra boca se inclina hacia lo impío, nuestro corazon también. Y luego comenzaremos a comer de los deleites de los impíos, es decir: prevaricar, escarnecer, insultar, mentir, etc.
Guardémonos entonces de que nuestro corazón se desvíe: fijémonos de que hablamos.
Tengamos siempre presente lo que dijo nuestro Señor Jesucristo:

Lucas 6:45:
“El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno;
y el hombre malo, del mal tesoro de su corazón saca lo malo;
porque de la abundancia del corazón habla la boca”

Podemos concluir hermanos, que las palabras de nuestra boca son el fruto de lo que hay en nuestros corazones.
Velemos pues, por los frutos de nuestro corazón. Hablemos de Cristo, prediquemos el Evangelio, exhortemonos a llevar la buena nueva a las almas perdidas.
Que el fruto de nuestros labios sea de bendición para el mundo. Que el mundo vea la Gloria de nuestro Padre a través nuestro. Que ése sea nuestro deleite. Que ése sea nuestro manjar: compartir el Pan de Vida, llevar a Cristo en la puerta de nuestros labios.

Dios los bendiga.

mayo 27, 2011 a las 9:27 am | Palabra del día